jueves, 28 de enero de 2016

Notas de Frank Hall

¿La noche perfecta?

28/Enero/1975

Me había estado desvelando bastante, simplemente mi cuerpo y mi mente no gustaban de descansar por las noches. Antes, cuando nada me preocupaba y mi vida corría con la fluídez con la que corre el río hacia el mar, solía dormír bastante, pero ahora, ahora duermo poco o nada, mi vida paso de ser un río, a un lago estancado, consumiendose con el paso del tiempo y el calor del sol. Evaporandome entre más caliente se encuentra todo.

Pensamientos nocturnos:
Esta noche, es de esas noches donde la mente se "echa a volar", donde aparece el lado filosofico y las preguntas llegan como gotas de lluvia al suelo. Claro, tenía que ser hoy cuando mi cerebro empieza a "correr de manera normal" pero ya no volveré a caer en sus mentiras, sé perfectamente que no volveré a ser el mismo, yo solía ser una persona normal como la mayoría, aunque ahora que lo menciono, creo que la mayoría de la gente no es normal, todos tenemos trastornos, y estamos rodeados de cosas extrañas. Pero bueno, solía ser alguien "normal" hasta que ese día llego, mi mundo colorido se opaco, y empecé a dejar de sentir, ni odio, ni amor, ni felicidad, ni tristeza, y créanme que eso es mucho peor que sentir el más grande dolor físico del mundo, no sentir nada es escalofriante, como tenerlo todo y no poder compartirlo con nadie, como ganarlo todo y no poder festejarlo con alguien.
Mi padre decía mucho cuando yo era pequeño que <<No hay cosa que aturda más que el silencio>> y que razón tenía mi viejo, ahora lo entiendo perfectamente. Las preguntas bombardeaban mi mente, como si quisiera mi subconsciente que me respondiese todo precisamente hoy, ridículo, llegaban a mí los ¿Para qué y por qué? Los ¿cómo y cuándo? Y es que si mi mente no estuviera tan vaga como lo ha estado desde hace tiempo, me dolería la cabeza de tanto cuestionamiento y búsqueda de cada pregunta, pero parece anestesiada, bloqueada de todo, actuó en automático como si estuviese programado, es tanta la distracción mental, que  no podría dolerme por compleja que fuese la pregunta.
Siempre quise ser algo grande, alguien que fuese recordado por generaciones, quedar tatuado en la mente humana, pertenecer a la historia, algo así como Hitler o Napoleón, pero sin asesinar gente, como Aristoteles o Shakespeare, pero sin besar hombres. Sólo quería hacer algo grandioso, quizá escribir, escribir un libro que superé a los mejores escritos de Borges o Cortazar. Que cuando lean mis lineas las personas digan <<Es increible la prosa de este escritor>> ó <<Su narrativa era fantástica>> sí probablemente escribiendo lograría quedar tatuado en sus mentes, pero dudo mucho superar a los grandes de la literatura, y sin superarlos no podría trascender.
Me quedaba el deporte, deportivamente siempre fui bueno, pero bastante flojo como para lograr algo con mucho esfuerzo físico, siempre ame el basquetbol, en mi región se jugaba bastante, quería ser jugador profesional, pero como digo, era bastante flojo como para lograrlo. Tal vez podría lograrlo entrenando a un equipo, ser lo suficientemente bueno como para ganarme la atención de todos y así poder entrenar a la selección de mi país, ir a una olimpiada y lograr lo que nunca antes, así quedaría eternamente en la memoria de mi país y la humanidad... pero no son más que sueños. Sueños que la realidad convierte en pesadillas por la lejanía en que se encuentran.
El íncreible amanecer;
Me sorprendió un bostezo y la luz del sol impactando levemente en mi rostro ¿amaneció? Es íncreíble la rápidez con la que pasa la noche.
Había una preguntaba que siempre rondaba por mi mente en momentos de soledad ¿tendré la valentía de llevar mis sueños a lo tangible? O seguiré siendo el cobarde que prefiere quedarse guardado en su cueva del olvido.
"Sé que para cuando ustedes estén leyendo esto, yo ya no estaré con ustedes de manera tangible, pero sepan que siempre estaré ahí, a su lado eternamente"
<<Hola, quiero reportar un suicidio en la calle Dortmund #957 esquina con Korn, no se tarden por favor>>

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La isla de las marionetas

Existe una isla de marionetas, gobernada por piratas y habitada por pinochos sin vida, donde la vida es un juego, un juego de baile. Cuando ese baile sale mal, las marionetas se ponen tristes, y cuando están tristes sueñan menos y piensan más, en el suicidio por ejemplo, lastima que vida nunca han tenido. A pesar de eso, hay unos cuantos que aprendieron a andar de diferente manera, de una manera mejor, aquellos excéntricos que entre libros, música y besos han sabido ser felices, pero felices sin vida. Un día el Rey Pirata se entero de la existencia de aquellos 'locos no tan locos', él no podía aceptar que unos cuantos muebles narizones fuesen por sus tierras brincando y cantando como si la vida aquí se tratara de sonreír y no de llorar, los mando a matar a todos, todos murieron, murieron sin tener vida, pero murieron sonriendo, aunque en su rostro tenían una expresión de miedo, ese miedo a la muerte, los pobres nunca se acordaron que no tenían vida. Después de eso la isla se volvió gris otra vez, y los pinochos siguieron callados como antes, llorando a media noche, odiando piratas, maldiciendo la existencia de aquellos perros con parches y patas de palo. Ya nadie cantaba, y nadie brincaba, y todos eran más tristes que antes. Para el Rey pirata no era suficiente con el sufrimiento de las marionetitas, necesitaba algo más, así que ideó un plan junto a sus amigos pata de palo, para no sólo hacer sufrir, sino también burlarse del sufrimiento. <<Asquerosos seres, hijos de puta, o de Geppetto, que viene siendo lo mismo, me siento con la responsabilidad de avisarles que a partir de mañana todo aquel que quiera vivir en estás tierras, tan bellas por cierto, tendrá que pagar una cuota de 15 pesos, diarios>> Dijo mientras reía a carcajadas mostrando aquella dentadura de oro con un brillo descomunal como el del sol. <<Pero sí sólo ganamos 5 pesos al día>> respondió una marioneta entre la multitud. <<A ver ¿quién dijo eso? Por favor suba, y repítalo, para que todos podamos escucharlo mejor>> Nadie se atrevió a subir, tenían miedo a perder algo que nunca tuvieron. << Señores, ciertamente ustedes no está para saberlo, ni yo para contarlo, pero ese no es asunto mío, ustedes me consiguen el dinero, o habrá consecuencias muy graves, eso es todo, pueden largarse a seguir trabajando>>. Al día siguiente aquella "valiente" marioneta que alzo la voz, vio el amanecer sin verlo, amaneció muerta. Alguien la había vendido por un día de paga. Tan Judas, la pobre marioneta Pinocha, con tan poco sentido marioneto, con tan poco amor por su raza, ¡una lastima!. La vida siguió, las marionetas tuvieron que sacar sus ahorros e irlo perdiendo poco a poco con el pasar de los días. Así pasaron varios siglos, y la vida monótona estaba cada vez más gris. El Rey pirata se había vuelto más viejo, y muchos amigos pata de palo ya habían muerto, cansado pensó que tenía que haber un cambio, pues hacer sufrir y burlarse del sufrimiento ya no era tan divertido como antes, así que le declaró la guerra a la Isla vecina, la isla de los muertos vivientes. En aquellos años corrió mucha sangre y astillas, había cabezas y madera por todos lados, El Rey Pirata murió a manos de el comandante de la muerte, murió riendo, ese era el fin, un fin planeado. Después de su muerte, las marionetas pararon su ataque, ellos jamás habían querido pelear, sólo obedecían las ordenes de su Rey, pero su Rey ya estaba muerto. El comandante de la muerte era más sensato, y comprensivo. Declaro finalizada la guerra, y abandono junto a sus tropas la Isla de las marionetas. Tres días después hubo elecciones, y el Reino se convirtió en República, una marioneta a las orillas del mar se atrevió a reír, y después todas rieron, ahora el gris era azul, el gris era verde, amarillo, rojo, era todo menos gris. Las elecciones las gano el hijo del Rey Pirata, y todos volvieron a llorar por las noches, llorar tanto como odiaban, aunque en el fondo llorar era algo que les gustaba.


¡Bienvenido sea nuestro presidente hijo del Rey Pirata! adornaron  la plaza principal con su nombre. El hijo del Rey Pirata no era tan malo como su padre, la cuota la redujo a 2 pesos, comprometiéndose a crear más calles, más plazas, escuelas, y hospitales. Nunca hizo nada. Ni bien, ni mal, sólo vivir como Rey. La falta de miedo, dio inicio al nacimiento de nuevos excéntricos, de mentes brillantes, nació el arte, había marionetas que esculpían y otras que pintaban, unas que cantaban y otras que bailaban, nació la era de la felicidad. Las calles se llenaron de gente que brincaba y sonreía sin temer. Los pinochos ahora tenían vida, una vida real. Por lo menos en el cuento de su mejor escritor, Sir. Pinocho Wilde.

Porque la felicidad siempre fue un cuento, el refugió del llanto, y la tristeza de un pueblo muerto, muerto y callado, que es peor que estar sólo muerto. Un pueblo sin rebeldía, con miedo a ser rebeldes, con noticias de rebeldes muertos, que triste es mi pueblo, aunque mi pueblo siempre fue bello.

viernes, 7 de agosto de 2015

Los dos ríos.

En un pequeño pueblo cerca de la capital, se encontraban dos ríos totalmente distintos, uno con aguas cristalinas y corriente tranquila, dónde los peces nadaban alegres, y todos los habitantes podían observarlos pasear. Del otro lado del pueblo, estaba aquel de aguas sucias y revoltosas, dónde no se podía ver nada, y del que se contaban un millón de historias aterradoras.


A las orillas del río revoltoso existía una pequeña casa de madera, dónde vivía una mujer de increíble belleza, se encontraba sola desde que su esposo había muerto en la revolución, por las noches se le escuchaba llorar, pero nadie tenía el valor de acercarse a aquel río. Preferían esperar a que fuese de día, para ir a preguntar lo qué le ocurría, pero Graciela jamás les abrió la puerta, desde aquella tarde en que le avisaron que Fernando había muerto, nunca más volvió a ser la misma mujer alegre y entusiasta, muchos la juzgaron de loca, por haberse mudado a el río revoltoso apartándose de todos, y es que ¿cuántas personas han perdido al amor de su vida como para juzgarla?

Se cuenta que pasaba los días frente al río, sentada en una piedra, cantando con esa hermosa voz que deleitaba los oídos de cualquiera que llegará a escucharla, miraba siempre hacia aquella montaña que arropaba el pueblo de Ríos Largos, todos los días se le encontraba en el mismo lugar, esperando que pasará algún viajero que desconociera la historia de ese río, para que no tuviera miedo, y así entonces pedirles el favor de que la llevaran a la cúspide de la gran montaña, prometiendo que sí lo hacían, les regalaría el cofre con todo el oro que había guardado su esposo ahí, la única condición era que tenían que llevarla cargando en sus espaldas, y por nada del mundo podían voltear para atrás, a menos que ya estuvieran en lo más alto. Nadie se animaba pues sabían del esfuerzo que llevaba el cruzar el río nadando entre corrientes rápidas, y después subir hasta la montaña. Pasaba todos sus días ahí frente al río, cantando, mirando la montaña y esperando a que llegará el primer valiente. Como en toda historia ese valiente llego, cabalgaba en un hermoso caballo negro, con imponente vestidura, de traje fino y calzado brilloso, no tendría más de 30 años, mostraba fortaleza y energía, decía venir desde muy lejos sólo en busca de tan hermosa mujer, había escuchado su historia, y la propuesta que le hacía a todo viajero que pasaba por este camino. -Me presento hermosa dama, mi nombre es Antonio, me intereso su historia, y me pregunte el por qué tan hermosa mujer tendría la necesidad de subir a una montaña.  Entusiasmada le contó lo que quería, pero no le dijo el por qué.  -Te ofrezco como a todos el increíble cofre que aguarda en la cúspide, pero tienes la misma condición, no puedes voltear para atrás a menos que lleguemos hasta lo más alto. -Sé las condiciones, y si vine de muy lejos es porque ya las he aceptado, pero no sólo quiero el cofre, sino también la quiero a usted. -Te garantizo el oro, mi amor, no podría. -Está bien con el oro es suficiente. Dijo después de un suspiro desesperanzado.

Tomo a la mujer y la puso sobre sus hombros. -Bueno, hermosa, no se suelte aunque las cosas se pongan feas en el río. -Prometo no hacerlo, si usted promete que no va a voltear por más feo que se ponga todo el camino. -Prometido.

Pasaron el río nadando con increíble facilidad, ninguna corriente pudo interponerse entre ellos y su meta. -Recuerda no voltear. Dijo ella mientras pisaban tierra. Éste tomo un respiro, y se decidió a seguir, mientras subía iba notando como el peso de la mujer iba incrementando, quizá es el cansancio, pensó. Así que siguió esforzándose en subir y subir, pero era muy notorio, entre el cansancio, la subida y el peso se le hacia casi imposible llegar, se detuvo aún sin voltear a tomar otro respiro, necesitaba descansar. A pesar de su fortaleza y energía era bastante para cualquier ser humano. -Por favor no voltees, ya falta muy poco. Esas palabras fueron como poder para su cuerpo, ya no habría nada que lo detuviera, veía muy cerca el final y tenía que lograrlo, daba pasos largos, y se movía con rapidez, pero el peso seguía incrementando, volteo hacia sus lados y vio esculturas de hombres, -¿qué raro que haya estas cosas aquí no crees? dijo apenas el oxigeno se lo permitió, la mujer no respondió, se le hacia muy extraño, el peso era insoportable para su cuerpo, pero faltan menos de 10 metros. hizo el mayor de sus esfuerzos para llegar, y entonces al abrir sus ojos se encontraba en lo más alto, el peso desapareció, sintió un alivio infinito. -Puedes voltear. Dijo con su bella voz Graciela. Obedeció de inmediato, fue ahí cuando vio a la mujer más hermosa que sus ojos habían podido apreciar, la mujer en aquel río era la versión más triste y opaca de la que ahora era, y aquella era realmente hermosa, pero está era un millón de veces más, sus ojos brillaban y su piel también. -Tu tesoro está enterrado atrás de aquellas dos piedras, puedes tomarlo cuando gustes. -¿No entiendo, cómo ha pasado esto?.-¿No entiendes qué?.-¿Cómo has cambiado tanto?-Está bien, te contaré, porque estoy agradecida con lo que has hecho hoy por mí. Hace muchos años, cuando mi esposo y yo nos conocimos, su madre, que no me quería por ser pobre, hizo hasta lo imposible por separarnos cuando vio que nuestro amor crecía día con día. Fue tan malvada que llego hasta este punto. -¿Qué punto, sigo sin entender realmente?.-No puedo explicarte, sino me dejas terminar. -Sí, perdón. - Su maldad hacia conmigo fue tanta, que contrato a las brujas del pueblo para que me realizaran el peor de sus hechizos, pero no me quería ver muerta, porque sabía que así sufriría Fernando, y ella amaba a su hijo, así que hizo que me quitaran la oportunidad de ser madre, yo no iba a poder tener hijos nunca, amenos que alguien me trajera hasta la cúspide de esta montaña, ella sabia que nadie se atrevería a llegar a este río, pues se cuentan un millón de historias espantosas, y además no es fácil nadar sobre tan terribles corrientes, sin contar que después tenían que subir la montaña, sumado a... -¿Sumado a qué?, ¿Dime?.- ..Sumado a que tenían que hacer todo eso con la condición de cargarme a sus espaldas, sin voltear jamás hacia atrás, y no podían voltear porque desde el momento en que empezábamos a subir por la montaña, mi cuerpo se transformaba en una espantosa y enorme serpiente, que crecía al mismo tiempo en que nos acercábamos, sí alguien volteaba entonces se convertía en piedra y yo tenía que regresar al mismo lugar. -Entonces esas esculturas que vi, ¿realmente eran hombres?.- Cuando Fernando se entero de esto, odio tanto a su madre, que no quiso verla más. Entonces mando una carta a su familia diciendo que se uniría a las fuerzas revolucionarias, meses después mando otra dándose por muerto. Él fue el primer hombre que intento traerme hasta aquí, el desconocía mi transformación, nadie debía saberla, sino nunca hubiera podido llegar, suficientes trabas tenían ya, ésta tenía que quedar sin saberse, Fernando sintió el cambio en mi peso y no pudo contenerse, al final, lamentablemente volteo y se convirtió en piedra.

Antonio no podía creerlo, ¿había estado cargando a una enorme serpiente todo este trayecto? estaba impactado, no quería saber más, ahora esa mujer de imponentes ojos y espectacular belleza le daba miedo. Ella noto esto en su rostro y decidió calmarlo.

-Pero no tengas miedo, al llegar aquí el hechizo se ha roto, lo que ves es mi verdadero ser.
-Es que sigo sin creerlo, no pensé que esté fuera el motivo. Realmente estaba tan cegado por la recompensa y la descripción de su belleza, que nunca me puse a pensar detenidamente en lo extraño que suena la historia de una mujer que pide ayuda para subir a una montaña... 
¿Y entonces el cofre de oro como llego hasta aquí?. 
-Fernando vino después de que se entero a guardar todos sus ahorros, vino solo, porque yo no podía subir por obvias razones, era muy inteligente, sabia que sería la única manera de que alguien pudiera ayudarme si él no lo lograba.
-Debió ser un buen hombre.
-Lo era, en verdad lo era, siempre será el amor de mi vida.


El hombre que había llegado valiente y fuerte, ahora estaba asombrado ante la historia de aquella mujer, se puso a escarbar con sus propias manos para sacar el cofre con el tesoro, y sí, efectivamente ahí estaba, después de todo lo que había pasado Graciela, decidió compartirlo con ella. Sentía que no podía dejarla sola ya, y aunque por dentro tenía miedo del futuro incierto, se aferro a la idea de que tenia que cuidarla desde ahora.

-Mirá, sé que es mi recompensa, pero la quiero compartir contigo.
-No, no puedo, ya tengo todo lo que necesito ahora, que es mi libertad.
-Sí, pero no puedo dejarte ahí sola por la vida, sin nada...

Antonio se quedo con ella, hasta el día de su muerte.


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viernes, 31 de julio de 2015

La cueva

Cuentan que cada jueves santo, en el cerro de "San Juan" se abre una cueva llena de enigmas, muchos han entrado, pero muy pocos han podido salir de sus garras.
La historia nos transporta al relativamente remoto 1954, la ciudad no era ni la mitad de lo que es hoy, rodeada de cañaverales y verdes cerros, sus limitaciones eran cortas, los habitantes pocos, y el vivir, muy tranquilo. Por las orillas de la ciudad vivía una familia pobre, emigrantes de Michoacan, que huyendo de las malicias de su pueblo, decidieron traspasar sus historias a está pequeña Capital. Rafael, un campesino con una fuerza y convicción enorme, empujado por el amor de su familia, decidió trabajar turnos completos en un campo cerca del cerro de San Juan, cuando todos los demás se levantaban a las 5 am para trabajar y salir a las 2 pm, el se quedaba y salía hasta las 8. El desgaste era enorme, pero sabía que necesitaba que sus 7 hijos se alimentaran, así que nunca se quejo. Llegaron los días de pascua y como fiel católico, se presento a la primera misa del día en catedral, fue a rezar y pedir por su gente, "Ojalá pueda trabajar toda la vida por mis hijos, sé que algún día, cuando crezcan, serán agradecidos conmigo". Era jueves santo, y Rafael había pedido permiso para llegar tarde, pues le había explicado al "patrón" de sus intenciones de presenciar la misa, ya que sería a la única que podía asistir, Don Roberto, le había tomado aprecio, pues era una persona trabajadora, humilde y responsable, así que de buena gana acepto, y le permitió llegar tarde, "Sólo 2 horas eh Rafael, porque te necesito aquí". Después de la misa, salió corriendo hacia el campo, para llegar a éste tenía que cruzar el cerro de San Juan, desde la catedral hasta el cerro, eran varios kilómetros, pero estaba acostumbrado a caminar, su condición era impresionante, esto era normal para él. Iba por el camino de siempre, cuando vio algo anormal, era un pequeño pasadizo entre dos piedras, había pasado por ahí tantas veces que sabía de memoria como era todo el trayecto, "Esto nunca había estado aquí, ¿qué será?" pensó. "No sé sí será bueno mirar, o seguir como si no hubiese visto nada. Chingue su madre, voy a entrar" Espero unos minutos a ver si veía a alguien y pedirle que le acompañase por la pequeña "aventura", pero nadie paso, así que sabía que tenía que ir solo, ya decidido a ingresar por el pequeño pasadizo, después de una persinada, y una mirada hacia el cielo, entro, sus ojos no podían creerlo, todo ahí dentro era oro, brillaba tanto que tenía que entrecerrar los ojos para no lastimarse, se sentía bendecido, "Soy rico, soy rico" gritaba como loco, con una sonrisa tan grande que parecía eterna, "¿Cómo le haré para llevarme todo de aquí?" No se detuvo a pensar si tenía dueño lo que había ahí, él sólo quería salir corriendo lo más rápido posible, llegar a casa y con el perdón de Don Roberto, no volver nunca a trabajar, rogaba en pensamiento que no fuese un sueño, hasta ahí su único problema era el cómo salir con las cosas. "Creo que tendré que sacar unas cuantos objetos, esconderlos, ir a "trabajar", robarme un costal, y pedirle a Don Beto que me deje salir un ratito a almorzar, me vengo a la cueva y ya no regreso jamás" Tomó anillos, aretes, cosas pequeñas que podía cargar en sus bolsillos, "Con esto es suficiente después vengo por lo demás, espero que nadie más encuentre este lugar" Después de todo no era un muy transitado, sólo pasaban por ahí los trabajadores, y salían hasta las 2 de la tarde. Al intentar salir se escucho una voz tenebrosa, sintió como un mareo, y calló al suelo, estaba aturdido, abrió los ojos lentamente y vio a un hombre bien vestido, con traje negro y de mocasín brillante, -¿A dónde se dirige con mi oro caballero? -¿Su oro? disculpe señor, no sabía que era de alguien, lo vi aquí tan solo, que pensé que podría llevarme un poco -¡Jajaja! ¿crees que algo así estaría solo? tendría que ser un tesoro en el fondo del mar solamente, o  enterrado bajo tierras inciertas, la verdad que aquí estoy yo para cuidarlo. -Sí ya veo, perdón, yo soy una persona honrada en realidad, no quise ofenderlo, es sólo que mi familia es muy grande y mi trabajo no me da para tanto, que tengo que trabajar muchas horas, es muy cansado. -Mira, no te preocupes, está bien, yo soy compartido, el problema aquí es que no puedes salir con unas cuantas "cosas", si lo quieres, tendrás que llevártelo todo, o irte con las manos vacías. -Eso es prácticamente imposible, es demasiado. - Reglas son reglas, y no puedo pasar sobre ellas, pero sí me haces un favor, quizá pueda ayudarte, y dejar que te lleves lo que te sea posible. -Sí, dígame, cualquier cosa. - Quiero la sangre de un animal. -No creo que haya problema por eso, aquí hay muchos, yo sé lo traigo.


Rafael apurado, salio a buscar el animal, todo en esas tierras era de Don Roberto, pero sabía que ya no tendría que volverlo a ver jamás después de ese día, se sentía apenado porque el viejo le había brindando muchas cosas, entre ellas cariño y respeto, pero no podía perder la grandiosa oportunidad de sacar adelante a sus hijos. Encontró a un pequeño becerro solitario, se abalanzo sobre el con una roca y lo golpeo tantas veces que se sentía extraño, él jamás había sido tan agresivo con los animales, quizá era el motivo que lo tenía ahí, el que le dio coraje y "maldad". Llevo arrastrando a duras penas al pobre animal, hasta donde recordaba que estaba aquella misteriosa cueva, pero al llegar no vio nada, se encontraba todo como siempre, "No, no, no, nooo, no puede ser posible, ¿dónde está esa la maldita cueva?" Por un momento se sintió como un loco, ¿habrá sido sólo un sueño? o estaba alucinando, ya no quería pensar más en eso, simplemente se sentó a llorar, de pronto sintió como una mano fría tocaba su hombro, mientras escuchaba de nuevo la misma voz tenebrosa "¿Qué pasa admirable caballero, todo en orden?" Rafael volteo con rostro pálido y expresión de miedo y sorpresa -Pensé que era sólo un sueño, que estaba imaginando todo lo que había ocurrido. -Claro que no fue un sueño, esto es real, me has tomado en un momento de buenas, y ya que has traído mi encargo, dejaré que te lleves lo que puedas. Con un cambio de rostro total, se paro de un salto, parpadeo dos veces y la cueva ya estaba ahí, el pasadizo volvía estar abierto para él, entró corriendo como sino hubiese un mañana, tomaba todo apurado, quería que todo fuera rápido para que no hubiese tiempo de arrepentimientos por parte de aquel personaje tan bien vestido. -¿Eso es todo lo que piensas llevarte? -Sí ya no puedo cargar más, creo que esto es suficiente. -Bueno, entonces sal pronto, porque ya vienen. -¿Ya vienen?, ¿quiénes? -Al dejarte llevar una parte de lo que aquí ves, he rompido la regla principal, así que los demonios ya vienen por mí, y sino sales pronto, también te llevarán a ti. Asustado y con un gesto de agradecimiento, se despidió de aquél hombre, salio tan rápido que justo al salir del lugar, trompico y al caer pego en una piedra.

-Señor, ¿se encuentra usted bien?, -... creo que sí... gracias.. ¿qué paso? -Realmente no lo sé, unas personas nos hablaron que estaba una persona muy herida y mandamos una ambulancia, gracias a Dios que ya despertó, perdió mucha sangre por el golpe. -¿Y mis pertenencias? -No había con usted ninguna pertenencia señor, lo siento. -¡Malditos!, me han de ver robado esos que hablaron, yo iba sólo hacia mi trabajo con Don Roberto, pero ya no recuerdo mucho más. -Bueno, no sabría decirle con exactitud, disculpe, ¿cuál es su nombre?. -Soy Rafael Álvarez. -Ok señor Álvarez, ¿gusta que nos pongamos en contacto con algún familiar? -Sí vivo por la calle Juárez en la colonia Mololoa, ahí tengo a mi esposa y mis hijos, pero no tenemos teléfono, eso es para ricos. -Bueno, mandaremos a alguien para que avise. -Sí muchas gracias. Horas después llego el doctor preocupado, pues no vivía nadie en aquella casa donde Rafael decía vivir. -Disculpe nuevamente, ¿está seguro que vive por la Juárez #380?. -Claro que sí señor ahí vivo con mi familia, salí hoy a trabajar como le digo y ahí estaban todos en la mañana, quizá salieron al parque. -Señor, no quiero ser imprudente, pero ahí dónde usted dice, no había nadie, sólo hay una casa abandona, ya muy vieja, preguntamos a los vecinos por las personas que vivían ahí y dicen que no a vivido nadie desde hace mucho tiempo. -¿Cómo que desde hace mucho?, pero sí yo salí hoy de esa casa, hoy 4 de Abril de 1954. hoy, hoy, hoy. -¿4 de Abril de 1954? no, creo que su golpe fue demasiado fuerte, descanse un poco más, hoy no es 4 de abril, es 2 de Febrero, y mucho menos es 1954 ¡jajaja!, estamos en el 2012.

Rafael no podía creer lo que acababa de escuchar, quizá el golpee si había sido demasiado fuerte, y esto era sólo un sueño, no quiso comentar más, decidió mejor descansar. Pasaron los días y el "sueño" se había convertido lamentablemente en una realidad, no sabía como había ocurrido, pero ya no estaba en aquellos lejanos años 50'. Al salir del hospital se pudo dar cuenta de ello, y corroborarlo. Su época había quedado en aquel viaje a su trabajo, en aquella cueva y en aquel personaje de traje. Fue demasiado para Rafael, que se volvió loco, duro 3 años en un centro psiquiátrico de la ciudad. No hablaba mucho, sólo se le había odio contar su historia a cada uno de los que ingresaban al centro. Nunca se supo nada de su familia, después de esos 3 años, murió el 4 de Abril del 2015. Qué en paz descanse.

                                       -Leer otro relato click aquí-

viernes, 24 de julio de 2015

La mujer del panteón.

Nadie sabe la razón de su espera, ni el motivo de su muerte, pocas cosas se saben de aquella silueta blanca que aguarda por las noches frías y obscuras de está ciudad, ¿cuál será el motivo de su presencia?, ¿buscará respuestas, o será sólo el hecho de que ignora lo que ha sucedido?


Recuerdo bien que era un día martes del año 2005, y recuerdo bien el día porque me tocaba cuidar el panteón a mí todos los Martes, en nuestra colonia eramos tan organizados que hasta en estás situaciones del cuidado de nuestro panteón, nos turnábamos entre los mismos habitantes, era más un acuerdo para demostrar unidad social, que por otra cosa, era obvio que podíamos pagarle a alguien, pero queríamos demostrar que eramos diferentes. Como decía doña Teresa, una anciana que había vivido toda su vida frente a éste."Hay que demostrar que podemos hacer cosas por nuestras cosas y nuestra gente".

Ese día transcurría normal como todos los demás, hasta ese entonces para mi cuidar un panteón no era cosa de "otro mundo", nunca ocurría nada, tan sólo tenía que darle unas vueltas para afirmar que todo estaba bajo control, y lo demás era desvelarme jugando Pokemon en mi Game Boy. Nunca imagine que ese día me iba a marcar de por vida, llegue al Panteón a las 9 PM como lo hacía habitualmente, despedí a Fernando, quien se encargaba del cuidado por las tardes, "Ahí te deje las llaves junto al escritorio" dijo mientras se despedía. "Claro no hay problema, cuídate", respondí. Ojalá nunca me hubiera propuesto para este tipo de cosas, de haberlo sabido, ni en 100 vidas habría optado por hacerlo. Pero quién iba a imaginarlo, en ese entonces yo era un escéptico más, no creía en absolutamente nada, ni nadie, dudaba hasta de mí mismo. La vida te da muchas lecciones, las cosas a veces no son como uno piensa, las cosas son, así, simplemente como son. Cuando me dispuse a dar mi primer recorrido de la noche, sentía como si todo estuviera diferente, había estado ahí tantas veces, pero hoy se respiraba un aire más fresco, se veía un brillo más tenue en aquellas , sentí frío a pesar de que llevaba una chamarra gruesa, al llegar prácticamente a la mitad pude notar la silueta de una persona sentada frente a un altar, sorprendido y con miedo de que fuese alguien que quisiera robar algo, grite "¡Sí no se salen tendré que llamar a la policía o tomar medidas por mí mismo! el panteón está cerrado desde las 7 PM" pensaba que serían varios además de aquél que veía, pues últimamente en las noticias habían salido capturadas unas personas que se dedicaban a robar ataúdes, para después venderlos. A pesar del grito no recibí ninguna respuesta, ni siquiera pareció haberme escuchado, seguía ahí sentado, como si fuese normal estar ahí a las 10 de la noche, no me quedo de otra más que tomar el bate de acero que teníamos por si alguien se quería pasar de listo, no era un hombre temeroso, pero tampoco era estúpido, y el bate era más para asustar, que para hacer realmente daño, me dije como 10 veces, ojalá que salga corriendo cuando me vea con el en la mano, pero no se inmuto, ni siquiera volteo a pesar de que supuse escucharía mis pasos acercándome a él, "A ver cabrón, ¿qué chingados quieres?" volví a gritar mientras golpeaba con el bate el suelo, para mi asombro aquella silueta no era de un hombre, sino de una mujer, cosa que me hizo sentir un poco más tranquilo.

-Señorita disculpe, le estoy diciendo que no son horas de visita, el panteón está cerrado, hágame el favor de acompañarme a la salida -Sí perdón, no pensé que sería un problema que me quedará un poco más. -Bueno, no sé preocupe, ¿pero desde que horas tiene aquí, no le dijo nada Fernando?. -A pasado el tiempo tan rápido que he perdido la noción, de nuevo disculpe.

Era una mujer relativamente joven, no tendría más de 25 años, tenía un semblante triste, imagine que habría perdido a alguien importante y que por eso estaba así. No quise incomodarla con esas preguntas, por lo que mejor le pregunte por dónde vivía, "Cerca de aquí en el 382 de los Olivos" me contesto. Reconocía la calle, aunque nunca había ido para allá, "Bueno, te acompaño a la salida" Como en aquella noche el frío era tremendo y ella sólo iba con una blusa blanca y un pantalón de mezclilla, decidí prestarle mi chamarra, -Mira, no sé quién eres, pero ten, ya es noche y está haciendo bastante frío, me gustaría acompañarte hasta tu casa, pero no puedo dejar sólo aquí. -Sí gracias, me llamo Melissa y no te preocupes, sé cuidarme .-Muy bien, entonces cuídate, después paso yo por mi chamarra. -Sí, está bien, adiós.

Qué extraña situación, y que extraña noche, ya no pude estar tranquilo el tiempo que seguí ahí, dí mis recorridos siguientes, todo parecía tranquilo como de costumbre, no podía dejar de pensar en aquella mujer y la locura de estar en un panteón sola a altas horas de la noche, ¿no tenía miedo de los muertos? o peor aún, ¿de los vivos?... Pasaron las horas y el sol salió, ¡que bueno! porque seguía intranquilo, y qué mejor para olvidar tanta locura que desayunando, mientras me tomaba un café.

Deje pasar los días, hasta el sábado que decidí ir por la chamarra porque tenía una cita en la noche, y la necesitaba, "¿Olivos 382, dijo?" me preguntaba, no recordaba bien, aún así me encamine hacia aquella calle. Llegue al lugar, toque la puerta, salio una señora ya mayor, "Sí, a quién busca", "Hola ¿se encuentra Melissa?"... Después de un largo silenció, y una mirada de impacto, la señora empezo a llorar sin control "¿Melissa?, ¿Mi hija?, No.. ella está muerta", -¿¡MUERTA!? ¿¡CÓMO QUE MUERTA!? No puede ser posible la vi ayer, la vi en... el...panteón. -Ella murió en el 2002 fue violada y asesinada por unos barbaros, justo en la calle del panteón, cuando regresaba de su turno en el Hospital, era enfermera, una buena chica, ella sólo quería ser mejor. -No lo puedo creer ayer, platique con ella le preste mi chamarra, me dijo que se llamaba Melissa, que vivia en está casa, ¿es una broma verdad? -Ojalá fuese una broma, pero es la verdad. -Lo siento mucho, siento mucho incomodarla de está manera, disculpe tengo que retirarme.

No podía creer lo que estaba escuchando, aquella noche yo había charlado con, ¿un muerto?. No quería saber nada más de eso, corrí hacia mi casa, me tomé un café, notaba como mis manos temblaban, quería llorar, pero por más que lo intente, no pude, recordaba el rostro de aquella noche, sus palabras, la escena cuando se ponía mi chamarra, cuando se marchaba, ya no quiero volver jamás a ese lugar, no solo. Llego el Martes y Fernando me llamo al celular "Oye wey qué te pasa estás enfermo o qué ya son las 10 PM, tengo una hora esperando qué pases, se me está haciendo tarde"
-Sí Fernando, disculpa pero he estado muy enfermo estos días, no creo que pueda ir, avísale a José, para que me cubra. -Encontré tu chamarra el Miércoles, aquí encima de una tumba,la puse ahí en la bodega. -Te la regalo Fernando, es toda tuya. -¿En serio, ¿y eso? no, pues muchas gracias entonces. -De verdad, por ser un gran amigo. La verdad es que ya no quería saber nada de aquel día.