En un pequeño pueblo cerca de la capital, se encontraban dos ríos totalmente distintos, uno con aguas cristalinas y corriente tranquila, dónde los peces nadaban alegres, y todos los habitantes podían observarlos pasear. Del otro lado del pueblo, estaba aquel de aguas sucias y revoltosas, dónde no se podía ver nada, y del que se contaban un millón de historias aterradoras.
A las orillas del río revoltoso existía una pequeña casa de madera, dónde vivía una mujer de increíble belleza, se encontraba sola desde que su esposo había muerto en la revolución, por las noches se le escuchaba llorar, pero nadie tenía el valor de acercarse a aquel río. Preferían esperar a que fuese de día, para ir a preguntar lo qué le ocurría, pero Graciela jamás les abrió la puerta, desde aquella tarde en que le avisaron que Fernando había muerto, nunca más volvió a ser la misma mujer alegre y entusiasta, muchos la juzgaron de loca, por haberse mudado a el río revoltoso apartándose de todos, y es que ¿cuántas personas han perdido al amor de su vida como para juzgarla?
Se cuenta que pasaba los días frente al río, sentada en una piedra, cantando con esa hermosa voz que deleitaba los oídos de cualquiera que llegará a escucharla, miraba siempre hacia aquella montaña que arropaba el pueblo de Ríos Largos, todos los días se le encontraba en el mismo lugar, esperando que pasará algún viajero que desconociera la historia de ese río, para que no tuviera miedo, y así entonces pedirles el favor de que la llevaran a la cúspide de la gran montaña, prometiendo que sí lo hacían, les regalaría el cofre con todo el oro que había guardado su esposo ahí, la única condición era que tenían que llevarla cargando en sus espaldas, y por nada del mundo podían voltear para atrás, a menos que ya estuvieran en lo más alto. Nadie se animaba pues sabían del esfuerzo que llevaba el cruzar el río nadando entre corrientes rápidas, y después subir hasta la montaña. Pasaba todos sus días ahí frente al río, cantando, mirando la montaña y esperando a que llegará el primer valiente. Como en toda historia ese valiente llego, cabalgaba en un hermoso caballo negro, con imponente vestidura, de traje fino y calzado brilloso, no tendría más de 30 años, mostraba fortaleza y energía, decía venir desde muy lejos sólo en busca de tan hermosa mujer, había escuchado su historia, y la propuesta que le hacía a todo viajero que pasaba por este camino. -Me presento hermosa dama, mi nombre es Antonio, me intereso su historia, y me pregunte el por qué tan hermosa mujer tendría la necesidad de subir a una montaña. Entusiasmada le contó lo que quería, pero no le dijo el por qué. -Te ofrezco como a todos el increíble cofre que aguarda en la cúspide, pero tienes la misma condición, no puedes voltear para atrás a menos que lleguemos hasta lo más alto. -Sé las condiciones, y si vine de muy lejos es porque ya las he aceptado, pero no sólo quiero el cofre, sino también la quiero a usted. -Te garantizo el oro, mi amor, no podría. -Está bien con el oro es suficiente. Dijo después de un suspiro desesperanzado.
Tomo a la mujer y la puso sobre sus hombros. -Bueno, hermosa, no se suelte aunque las cosas se pongan feas en el río. -Prometo no hacerlo, si usted promete que no va a voltear por más feo que se ponga todo el camino. -Prometido.
Pasaron el río nadando con increíble facilidad, ninguna corriente pudo interponerse entre ellos y su meta. -Recuerda no voltear. Dijo ella mientras pisaban tierra. Éste tomo un respiro, y se decidió a seguir, mientras subía iba notando como el peso de la mujer iba incrementando, quizá es el cansancio, pensó. Así que siguió esforzándose en subir y subir, pero era muy notorio, entre el cansancio, la subida y el peso se le hacia casi imposible llegar, se detuvo aún sin voltear a tomar otro respiro, necesitaba descansar. A pesar de su fortaleza y energía era bastante para cualquier ser humano. -Por favor no voltees, ya falta muy poco. Esas palabras fueron como poder para su cuerpo, ya no habría nada que lo detuviera, veía muy cerca el final y tenía que lograrlo, daba pasos largos, y se movía con rapidez, pero el peso seguía incrementando, volteo hacia sus lados y vio esculturas de hombres, -¿qué raro que haya estas cosas aquí no crees? dijo apenas el oxigeno se lo permitió, la mujer no respondió, se le hacia muy extraño, el peso era insoportable para su cuerpo, pero faltan menos de 10 metros. hizo el mayor de sus esfuerzos para llegar, y entonces al abrir sus ojos se encontraba en lo más alto, el peso desapareció, sintió un alivio infinito. -Puedes voltear. Dijo con su bella voz Graciela. Obedeció de inmediato, fue ahí cuando vio a la mujer más hermosa que sus ojos habían podido apreciar, la mujer en aquel río era la versión más triste y opaca de la que ahora era, y aquella era realmente hermosa, pero está era un millón de veces más, sus ojos brillaban y su piel también. -Tu tesoro está enterrado atrás de aquellas dos piedras, puedes tomarlo cuando gustes. -¿No entiendo, cómo ha pasado esto?.-¿No entiendes qué?.-¿Cómo has cambiado tanto?-Está bien, te contaré, porque estoy agradecida con lo que has hecho hoy por mí. Hace muchos años, cuando mi esposo y yo nos conocimos, su madre, que no me quería por ser pobre, hizo hasta lo imposible por separarnos cuando vio que nuestro amor crecía día con día. Fue tan malvada que llego hasta este punto. -¿Qué punto, sigo sin entender realmente?.-No puedo explicarte, sino me dejas terminar. -Sí, perdón. - Su maldad hacia conmigo fue tanta, que contrato a las brujas del pueblo para que me realizaran el peor de sus hechizos, pero no me quería ver muerta, porque sabía que así sufriría Fernando, y ella amaba a su hijo, así que hizo que me quitaran la oportunidad de ser madre, yo no iba a poder tener hijos nunca, amenos que alguien me trajera hasta la cúspide de esta montaña, ella sabia que nadie se atrevería a llegar a este río, pues se cuentan un millón de historias espantosas, y además no es fácil nadar sobre tan terribles corrientes, sin contar que después tenían que subir la montaña, sumado a... -¿Sumado a qué?, ¿Dime?.- ..Sumado a que tenían que hacer todo eso con la condición de cargarme a sus espaldas, sin voltear jamás hacia atrás, y no podían voltear porque desde el momento en que empezábamos a subir por la montaña, mi cuerpo se transformaba en una espantosa y enorme serpiente, que crecía al mismo tiempo en que nos acercábamos, sí alguien volteaba entonces se convertía en piedra y yo tenía que regresar al mismo lugar. -Entonces esas esculturas que vi, ¿realmente eran hombres?.- Cuando Fernando se entero de esto, odio tanto a su madre, que no quiso verla más. Entonces mando una carta a su familia diciendo que se uniría a las fuerzas revolucionarias, meses después mando otra dándose por muerto. Él fue el primer hombre que intento traerme hasta aquí, el desconocía mi transformación, nadie debía saberla, sino nunca hubiera podido llegar, suficientes trabas tenían ya, ésta tenía que quedar sin saberse, Fernando sintió el cambio en mi peso y no pudo contenerse, al final, lamentablemente volteo y se convirtió en piedra.
Antonio no podía creerlo, ¿había estado cargando a una enorme serpiente todo este trayecto? estaba impactado, no quería saber más, ahora esa mujer de imponentes ojos y espectacular belleza le daba miedo. Ella noto esto en su rostro y decidió calmarlo.
-Pero no tengas miedo, al llegar aquí el hechizo se ha roto, lo que ves es mi verdadero ser.
-Es que sigo sin creerlo, no pensé que esté fuera el motivo. Realmente estaba tan cegado por la recompensa y la descripción de su belleza, que nunca me puse a pensar detenidamente en lo extraño que suena la historia de una mujer que pide ayuda para subir a una montaña... ¿Y entonces el cofre de oro como llego hasta aquí?.
-Fernando vino después de que se entero a guardar todos sus ahorros, vino solo, porque yo no podía subir por obvias razones, era muy inteligente, sabia que sería la única manera de que alguien pudiera ayudarme si él no lo lograba.
-Debió ser un buen hombre.
-Lo era, en verdad lo era, siempre será el amor de mi vida.
El hombre que había llegado valiente y fuerte, ahora estaba asombrado ante la historia de aquella mujer, se puso a escarbar con sus propias manos para sacar el cofre con el tesoro, y sí, efectivamente ahí estaba, después de todo lo que había pasado Graciela, decidió compartirlo con ella. Sentía que no podía dejarla sola ya, y aunque por dentro tenía miedo del futuro incierto, se aferro a la idea de que tenia que cuidarla desde ahora.
-Mirá, sé que es mi recompensa, pero la quiero compartir contigo.
-No, no puedo, ya tengo todo lo que necesito ahora, que es mi libertad.
-Sí, pero no puedo dejarte ahí sola por la vida, sin nada...
Antonio se quedo con ella, hasta el día de su muerte.
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