viernes, 24 de julio de 2015

La mujer del panteón.

Nadie sabe la razón de su espera, ni el motivo de su muerte, pocas cosas se saben de aquella silueta blanca que aguarda por las noches frías y obscuras de está ciudad, ¿cuál será el motivo de su presencia?, ¿buscará respuestas, o será sólo el hecho de que ignora lo que ha sucedido?


Recuerdo bien que era un día martes del año 2005, y recuerdo bien el día porque me tocaba cuidar el panteón a mí todos los Martes, en nuestra colonia eramos tan organizados que hasta en estás situaciones del cuidado de nuestro panteón, nos turnábamos entre los mismos habitantes, era más un acuerdo para demostrar unidad social, que por otra cosa, era obvio que podíamos pagarle a alguien, pero queríamos demostrar que eramos diferentes. Como decía doña Teresa, una anciana que había vivido toda su vida frente a éste."Hay que demostrar que podemos hacer cosas por nuestras cosas y nuestra gente".

Ese día transcurría normal como todos los demás, hasta ese entonces para mi cuidar un panteón no era cosa de "otro mundo", nunca ocurría nada, tan sólo tenía que darle unas vueltas para afirmar que todo estaba bajo control, y lo demás era desvelarme jugando Pokemon en mi Game Boy. Nunca imagine que ese día me iba a marcar de por vida, llegue al Panteón a las 9 PM como lo hacía habitualmente, despedí a Fernando, quien se encargaba del cuidado por las tardes, "Ahí te deje las llaves junto al escritorio" dijo mientras se despedía. "Claro no hay problema, cuídate", respondí. Ojalá nunca me hubiera propuesto para este tipo de cosas, de haberlo sabido, ni en 100 vidas habría optado por hacerlo. Pero quién iba a imaginarlo, en ese entonces yo era un escéptico más, no creía en absolutamente nada, ni nadie, dudaba hasta de mí mismo. La vida te da muchas lecciones, las cosas a veces no son como uno piensa, las cosas son, así, simplemente como son. Cuando me dispuse a dar mi primer recorrido de la noche, sentía como si todo estuviera diferente, había estado ahí tantas veces, pero hoy se respiraba un aire más fresco, se veía un brillo más tenue en aquellas , sentí frío a pesar de que llevaba una chamarra gruesa, al llegar prácticamente a la mitad pude notar la silueta de una persona sentada frente a un altar, sorprendido y con miedo de que fuese alguien que quisiera robar algo, grite "¡Sí no se salen tendré que llamar a la policía o tomar medidas por mí mismo! el panteón está cerrado desde las 7 PM" pensaba que serían varios además de aquél que veía, pues últimamente en las noticias habían salido capturadas unas personas que se dedicaban a robar ataúdes, para después venderlos. A pesar del grito no recibí ninguna respuesta, ni siquiera pareció haberme escuchado, seguía ahí sentado, como si fuese normal estar ahí a las 10 de la noche, no me quedo de otra más que tomar el bate de acero que teníamos por si alguien se quería pasar de listo, no era un hombre temeroso, pero tampoco era estúpido, y el bate era más para asustar, que para hacer realmente daño, me dije como 10 veces, ojalá que salga corriendo cuando me vea con el en la mano, pero no se inmuto, ni siquiera volteo a pesar de que supuse escucharía mis pasos acercándome a él, "A ver cabrón, ¿qué chingados quieres?" volví a gritar mientras golpeaba con el bate el suelo, para mi asombro aquella silueta no era de un hombre, sino de una mujer, cosa que me hizo sentir un poco más tranquilo.

-Señorita disculpe, le estoy diciendo que no son horas de visita, el panteón está cerrado, hágame el favor de acompañarme a la salida -Sí perdón, no pensé que sería un problema que me quedará un poco más. -Bueno, no sé preocupe, ¿pero desde que horas tiene aquí, no le dijo nada Fernando?. -A pasado el tiempo tan rápido que he perdido la noción, de nuevo disculpe.

Era una mujer relativamente joven, no tendría más de 25 años, tenía un semblante triste, imagine que habría perdido a alguien importante y que por eso estaba así. No quise incomodarla con esas preguntas, por lo que mejor le pregunte por dónde vivía, "Cerca de aquí en el 382 de los Olivos" me contesto. Reconocía la calle, aunque nunca había ido para allá, "Bueno, te acompaño a la salida" Como en aquella noche el frío era tremendo y ella sólo iba con una blusa blanca y un pantalón de mezclilla, decidí prestarle mi chamarra, -Mira, no sé quién eres, pero ten, ya es noche y está haciendo bastante frío, me gustaría acompañarte hasta tu casa, pero no puedo dejar sólo aquí. -Sí gracias, me llamo Melissa y no te preocupes, sé cuidarme .-Muy bien, entonces cuídate, después paso yo por mi chamarra. -Sí, está bien, adiós.

Qué extraña situación, y que extraña noche, ya no pude estar tranquilo el tiempo que seguí ahí, dí mis recorridos siguientes, todo parecía tranquilo como de costumbre, no podía dejar de pensar en aquella mujer y la locura de estar en un panteón sola a altas horas de la noche, ¿no tenía miedo de los muertos? o peor aún, ¿de los vivos?... Pasaron las horas y el sol salió, ¡que bueno! porque seguía intranquilo, y qué mejor para olvidar tanta locura que desayunando, mientras me tomaba un café.

Deje pasar los días, hasta el sábado que decidí ir por la chamarra porque tenía una cita en la noche, y la necesitaba, "¿Olivos 382, dijo?" me preguntaba, no recordaba bien, aún así me encamine hacia aquella calle. Llegue al lugar, toque la puerta, salio una señora ya mayor, "Sí, a quién busca", "Hola ¿se encuentra Melissa?"... Después de un largo silenció, y una mirada de impacto, la señora empezo a llorar sin control "¿Melissa?, ¿Mi hija?, No.. ella está muerta", -¿¡MUERTA!? ¿¡CÓMO QUE MUERTA!? No puede ser posible la vi ayer, la vi en... el...panteón. -Ella murió en el 2002 fue violada y asesinada por unos barbaros, justo en la calle del panteón, cuando regresaba de su turno en el Hospital, era enfermera, una buena chica, ella sólo quería ser mejor. -No lo puedo creer ayer, platique con ella le preste mi chamarra, me dijo que se llamaba Melissa, que vivia en está casa, ¿es una broma verdad? -Ojalá fuese una broma, pero es la verdad. -Lo siento mucho, siento mucho incomodarla de está manera, disculpe tengo que retirarme.

No podía creer lo que estaba escuchando, aquella noche yo había charlado con, ¿un muerto?. No quería saber nada más de eso, corrí hacia mi casa, me tomé un café, notaba como mis manos temblaban, quería llorar, pero por más que lo intente, no pude, recordaba el rostro de aquella noche, sus palabras, la escena cuando se ponía mi chamarra, cuando se marchaba, ya no quiero volver jamás a ese lugar, no solo. Llego el Martes y Fernando me llamo al celular "Oye wey qué te pasa estás enfermo o qué ya son las 10 PM, tengo una hora esperando qué pases, se me está haciendo tarde"
-Sí Fernando, disculpa pero he estado muy enfermo estos días, no creo que pueda ir, avísale a José, para que me cubra. -Encontré tu chamarra el Miércoles, aquí encima de una tumba,la puse ahí en la bodega. -Te la regalo Fernando, es toda tuya. -¿En serio, ¿y eso? no, pues muchas gracias entonces. -De verdad, por ser un gran amigo. La verdad es que ya no quería saber nada de aquel día.





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